"Yo espero que Klinsmann tenga un buen equipo, lo cierto es que el problema de la selección alemana no es nuevo. Los problemas no son de hoy, sino que se vienen arrastrando desde hace 5 ó 6 años. En el pasado Mundial, en 2002, creo que tuvimos mucha suerte de llegar a la final. En Alemania está visto que pasamos por un bache, y no hay más que ver el papel de los clubes en Europa. En mi opinión, el papel de Alemania en este Mundial, como país organizador, debe ser llegar al menos hasta las semifinales". Estas palabras las pronunciaba ni más ni menos que el Franz Beckenbauer, presidente del Comité Organizador del Mundial. Era a mediados de abril y Alemania estaba sumida en una depresión futbolística: su equipo no convencía en absoluto, el seleccionador era inexperto y además vivía en California (algo que irritaba sumamente a sus compatriotas) y en el país germano existía incluso el miedo a hacer el ridículo en casa. Pese a todo, el Kaiser exigía a Klinsmann quedar entre los cuatro primeros.
Unas semanas después, con Italia como campeona del mundo, Klinsmann se ha convertido en un alquimista. El tercer puesto de bronce logrado por Alemania ha resultado ser poco menos que oro para la afición alemana, encantada de haber superado en el camino a Argentina, de haberse merendado a Suecia, y hasta de haber caído con honor frente a la campeona en la prórroga. Y más cuando en marzo, en un amistoso, Italia vencía por 4-1 a Alemania. Aquella derrota provocó que se rumoreara con que Lothar Matthaus relevase en el cargo a Klinsmann, y que la prensa hablara de "el peor partido de la selección en muchos años".
Ahora todos piden la continuidad del entrenador que fuera campeón del mundo como jugador en 1990. ¿Qué ha cambiado? Habiendo tocado fondo, lo cierto es que el papel de Alemania en el torneo ha sido óptimo: muchos aficionados hubiesen firmado el tercer puesto antes de que empezara. Empezaron con goles (y despistes defensivos) ante Costa Rica, sufrieron (algo que también se aprecia y que hace crecer y creer) ante Polonia, y casi se pasearon ante Ecuador y Suecia. Frente a Argentina en cuartos no hicieron su mejor partido, pero aguantaron el tirón y se beneficiaron de los errores de Pékerman. Finalmente, Italia les paró los pies.
Pero su trayectoria ha sido ascendente, y eso ha desatado el entusiasmo día a día. Los hinchas germanos han disfrutado de un equipo que nunca ha querido encerrarse, que siempre ha ido de cara al gol y que se ha renovado. Eso es lo mejor, la sensación de futuro que deja la Mannschaft. Metzelder (25 años) y Mertesacker (21) han sido una gran pareja de centrales, tapados por el inmenso papel de otros como Cannavaro, Ayala o el bigoleador Materazzi, pero gran pareja al fin y al cabo. En el lateral, Lahm (22) ha dejado una grata impresión, especialmente en el primer partido. Schweinsteiger (21) se salió en el último partido, Podolski (21) ha sido escogido mejor joven del torneo, Klose (28) ha sido el máximo goleador... Aires de renovación, porque de clásicos como Kahn y Ballack apenas ha habido noticia.
Alemania cierra su Mundial con un sobresaliente en organización y un notable en el terreno de juego, una nota que todos coinciden en atribuir a Klinsmann. Con poca materia prima ha logrado estar por encima de muchas de las favoritas y entusiasmar a una afición de 82 millones de personas. Casi ha logrado convertir el bronce en oro.






