El grupo de la muerte no es el C, es siempre el que encuadra a Italia. Hasta ahora los grandes se habían estado paseando por el campo esperando a los octavos de final, pero hoy, Ghana se comió a la República Checa y Estados Unidos ha estado a punto de poner en entredicho el futuro mundialista de la selección italiana, experta en situaciones cuanto menos inesperadas en la fase de grupos de cada mundial y en partidos locos como este, para poner patas arriba el grupo D.
Estados Unidos le ha planteado muy bien el partido a la selección de Marcello Lippi. Sabedor de que Italia juega sin hombres de banda, ha taponado el centro del campo, presionando a Pirlo y De Rossi, con la defensa adelantadísima para dejar a Toni y Gilardino en fuera de juego cada vez que los italianos se quitaban el balón de encima. Cada robo en las inmediaciones del área italiana se convertía en una ocasión para los americanos, con Convey y McBride a la caza de los envíos de Donovan y Reyna.
Sin embargo, cuando peor lo pasaba Italia, cuando más seguro se sentía Estados Unidos, llegó el gol de Gilardino, en jugada a balón parado, para adelantar a los azzurri y dar comienzo al carrusel de incidencias del partido y los cambios en el dominio del juego. Seis minutos después, Italia colaboraría a darle emoción al partido y recompensó a su rival con un golazo en propia puerta de un desacertado en todo el partido Zaccardo. Por si Italia apenas se complicaba, un minuto después, De Rossi, quien ya había hecho méritos para ser expulsado en la primera jornada, le dio un codazo flagrante a McBride en el rostro que quedó ensangrentado.
Los italianos se quedaban justamente con diez perdiendo toda la iniciativa conseguida con el gol de Gilardino. Además, Lippi, siguiendo la estela de sus antecesores en el cargo se cargó al fantasisti de turno, en este caso a Totti para que entrase otro leñero como Gattusso. Fue entonces cuando Estados Unidos aceptó el rol de dominador del juego y lo hizo con gusto, creando ocasiones a base de toque y mover de lado a lado el balón.
Sin embargo, el conjunto de Bruce Arena no supo ser grande y desperdició su ventaja tácita. Primero Mastroeni, quien estaba realizando un partidazo rebañando todo lo que pasaba por la zona central, se pasó de frenada y le dio un viaje a Pirlo merecedor de la tarjeta roja. El colegiado Jorge Larrionda, quien tuvo mucha faena y fue justo en todas las decisiones, le expulsó a unos segundos de pitar el descanso. Igualdad en todo.
Pero EE.UU le dio otra vuelta de tuerca cediendo otra expulsión absurda. Esta vez fue Pope el que se ganaba la segunda amarilla al poco de reanudarse el juego. Comenzó un partido nuevo en el que Italia llevó la iniciativa -Lippi ahora sí se atrevió a quitar un defensa y poner a Del Piero- pero los yankees no se amilanaron. Lejos de llenar el área de Keller con sus ocho hombres restantes, estos salían con el balón jugado, con la valentía de sus laterales Cherundolo y Bocanegra, y con Donovan, mejor con espacios, aliviando el juego de ataque y conectando con McBride y el recien entrado Beasley, quien tuvo en sus pies poder celebrar el gol del triunfo de no ser por la posición irreglamentaria de McBride, quien se interpuso en la visión de Buffon en el disparo de aquel.
Lógicamente, un partido loco, acabó igual, con oportunidades en ambas áreas y con los jugadores reventados por el cansancio. Lo mejor para ambos equipos es que llegarán con opciones, para todo, de clasificarse para los octavos de final



